LA HISTORIA.

A principios del siglo XV, la Guerra de los Cien años (1337-1453) había dividido a Francia en tres facciones irreconciliables. La Francia inglesa, en París, bajo el mando de Enrique VI, con Inglaterra y Borgoña a su lado; la Francia francesa, al mando del delfín Carlos VII en Chinon, con apoyos en el centro y el sur del país, además de Saboya, Escocia y Castilla. Finalmente estaba el Ducado de Borgoña, que aprovechó la guerra para prosperar económica y políticamente, aliado con la Corona Inglesa. Desde 1422, los tres grupos –“Renegados”, “Armagnacs” y borgoñones- protagonizaron una cruenta confrontación civil.

Entre 1428 y 1429, ingleses y borgoñones sitiaron la ciudad de Orleáns. A punto de rendirse, y ya sin nada que perder, el pusilánime e incapaz Carlos VII –rodeado de una corte corrupta- atendió la insólita petición de una sencilla campesina de tan sólo diecisiete años de edad, llamada Juana de Arco. Inspirada por las voces de Santa Catalina, Santa Margarita y San Miguel, la doncella creía posible liberar Orleáns y Francia entera de la dominación inglesa.

Sin experiencia bélica alguna –pero rodeada de militares muy expertos, Juana se puso al frente de las tropas y obtuvo una milagrosa e inesperada victoria, que levantó el asedio de Orleáns en mayo de 1429. Tras ello, Francia recuperó
la iniciativa de la guerra: la Doncella tomó Patay y consiguió entrar en Troyes.